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Día Mundial de la Obesidad

La obesidad es una enfermedad que afecta a millones de personas en la actualidad. Se manifiesta tanto en niños como en adultos, en hombres y en mujeres, en países desarrollados y en otros en vías de desarrollo. Ya no hablamos de “personas gordas”, sino de pacientes que tienen una patología compleja, no en concepto, sino en causas y consecuencias. Por eso desde Life Length te explicamos todo lo que necesitas saber de la obesidad. 

En el año 2016 casi un 40% de la población adulta (personas mayores de 18 años) tenía sobrepeso. Esta cifra asciende por encima de 1900 millones de personas de las que el 13% padece obesidad. Estas dos oraciones tienen un matiz muy importante que vamos a establecer como punto de partida: el sobrepeso se tiene, pero la obesidad, que es una enfermedad, se padece. La obesidad es una afección que consiste en la acumulación excesiva de grasa. El sobrepeso viene determinado por el Índice de Masa Corporal, que se obtiene de la división del peso de la persona (en Kilogramos) entre la altura (en metros) elevada al cuadrado. Existe un baremo que determina si tu IMC es normal, está por debajo o por encima de lo normal. Este índice es utilizado por la Organización Mundial de la Salud para determinar si las personas tienen obesidad y sobrepeso. Sin embargo, se trata de una cifra que sale de tener en cuenta únicamente dos valores que pueden tener o no que ver con la obesidad.  El IMC relaciona altura y peso, pero no tiene en cuenta que el peso puede deberse a varios factores, no únicamente a la acumulación de contenido graso. El desarrollo de la musculatura, la retención de líquidos o la densidad ósea son algunos factores que afectan en el peso. Los culturistas tienen sobrepeso, pero sería descabellado pensar que padecen obesidad.  

Una vez hemos establecido la diferencia entre sobrepeso y obesidad, podemos empezar a abordar las causas de esta: 

Lo primero que tenemos que dejar claro es que hay varios factores que tienen relación directa con la obesidad y una infinidad que pueden intervenir de manera indirecta. Sobre el papel y atendiendo a la explicación más sencilla, se puede resumir todo en una sencilla ecuación matemática: nuestro cuerpo acumula grasa si el resultado de la resta entre el aporte calórico a nuestro cuerpo y el consumo calórico de este es positivo. Es decir, acumulamos grasas cuando aportamos más calorías a nuestro cuerpo de las que quemamos. Ahora que sabemos esto podemos explicar cuáles son los factores involucrados en esta ecuación: 

  • Predisposición genética. La cruda realidad es que sí, como ocurre habitualmente con los problemas de salud, existe una predisposición genética a compartirlos con nuestros familiares más cercanos (con los que tenemos más ADN en común). Las personas con familiares obesos tienen más probabilidades de desarrollar la enfermedad. Así que hay personas que tienen más tendencia que otras a acumular tejido graso. 
  • Hábitos alimentarios. Habitualmente el aporte calórico de determinadas dietas es superior al consumo de nuestro cuerpo, lo que resulta en el almacenamiento de grasa. Una manera de acabar, o al menos paliar, la obesidad es establecer dietas hipocalóricas. Es importante que se trate de una dieta elaborada por profesionales, ya que de lo contrario puede ser perjudicial para el organismo. Aquí aprovechamos para acabar con el falso mito de que la obesidad y la desnutrición se encuentran ligadas, ya que una dieta puede aportar muchas calorías que terminarán siendo grasa, pero no aportar algunas vitaminas esenciales u otros elementos que son indispensables para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. 
  • Estilo de vida. Y si en el apartado anterior hablábamos de que reducir el aporte calórico era una opción, en este nos tenemos que fijar en la otra variable: el consumo calórico. Aumentando nuestro consumo calórico podemos compensar nuestra ingesta de calorías, llegando a neutralizarla e incluso superarla, obligando a nuestro cuerpo a transformar grasa en energía. La vida sedentaria, escasa en actividad física, lleva a muchas personas a desarrollar sobrepeso por la acumulación de grasa. Esto supone un problema para las personas que ya padecen obesidad porque las dificultades de movilidad y el resto de los problemas físicos que acarrea la enfermedad merman su actividad física, lo que redunda en que sigan acumulando tejido graso. 
  • Edad. La edad es un factor esencial para la acumulación de grasa. La demanda calórica de los niños y los jóvenes es mucho mayor que las de las personas adultas. Además, el estilo de vida tiende a ser más sedentario con la edad, lo que hace más probable que las personas adultas terminen desarrollando sobrepeso. Por otro lado, a partir de los 35 años, las personas tienden a perder masa muscular, lo que reduce su consumo calórico pasivo. Estos datos no niegan obesidad infantil que, de hecho, es un grave problema que afecta a más de 380 millones de personas menores de 18 años. 
  • Sexo. El sexo tiene una relación con el sobrepeso bastante más peculiar de lo que uno podría pensar. Los hombres, por ejemplo, tienen un consumo calórico mayor que las mujeres. Por otro lado, cuando a estas les llega la menopausia su demanda calórica también se reduce.  
  • Factores indirectos. Hay numerosas situaciones que favorecen de manera indirecta a la acumulación de grasa, ya sea porque nos llevan a consumir más calorías o porque nos impiden quemarlas. Determinadas enfermedades y sus tratamientos pueden interferir en el metabolismo o en la capacidad para llevar a cabo actividades físicas, así que terminan haciendo que los pacientes acumulen más grasa. Los factores de carácter personal también afectan, como el estrés, que puede llevar a la alteración del apetito e incluso a desarrollar trastornos alimentarios graves. Dejar de fumar, por ejemplo, produce estrés que suele calmarse comiendo, por lo que normalmente las personas engordan. Sin embargo, hay que dejar claro que este contrapunto no es general a todo el mundo y es menos perjudicial que seguir fumando.

Por otro lado, la acumulación excesiva de tejidos grasos tiene múltiples puntos negativos para la salud entre los que se encuentran los siguientes: 

  • Diabetes tipo 2. La obesidad aumenta el riesgo de desarrollar diabetes al alterar el uso que hace el cuerpo de la insulina con el fin de regular los niveles de glucosa en sangre, lo que facilita y acelera que el organismo genere tolerancia a la insulina. 
  • Enfermedades cardiacas. El riego de padecer problemas basculares aumento cuando se padece hipertensión y se tiene el colesterol alto, dos fenómenos que se encuentran directamente relacionados con la obesidad. La presión arterial elevada unida a unos vasos sanguíneos obstruidos por el colesterol aumenta el riesgo de sufrir un ataque al corazón o de que se produzcan hemorragias internas. 
  • Hígado graso. Cuando se encuentra demasiada grasa adherida al hígado este se puede inflamar, al igual que lo haría si tuviese hepatitis, pero sin presencia de ningún virus. Si este problema se prolonga durante demasiado tiempo puede desarrollar cirrosis, cáncer de hígado o retención de líquidos en el abdomen, entre otros.  

  • Artrosis. Empezamos dejándoos el dato: un sobrepeso del 20% aumenta un 1000% las probabilidades de sufrir artrosis. Nuestros huesos y articulaciones sufren mucho más desgaste si se encuentran sometidos constantemente a más peso del que están preparados para soportar. 
  • Apnea del sueño. Las personas obesas presentan gran cantidad de grasa acumulada en la parte posterior de la garganta que dificulta el flujo del aire, dando lugar a apnea. La apnea se caracteriza por interrupciones de la respiración durante el sueño, lo que impide o dificulta el descanso y desarrolla todos los problemas que acarrea la falta de descanso: hipertensión, falta de concentración, cefalea, etc… 

Se trata de una dolencia que genera muchos problemas que, en muchos casos, hacen más difícil la recuperación. Por esta razón, en algunas ocasiones la solución pasa por realizar cirugías que extraigan contenido graso que facilite la movilidad del paciente y permitan que se realice una recuperación.  

El estilo de vida sedentario y el abuso de la comida basura que caracterizan a la sociedad forman el caldo de cultivo perfecto para que esta enfermedad se desarrolle. Está en nuestras manos llevar un estilo de vida saludable y cuidarnos para no sólo vivir más, sino mejor.

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Infecciones y enfermedades de transmisión sexual

Una infección de transmisión sexual (ITS) se produce cuando contraes un patógeno, un virus, una bacteria, un hongo o un parásito mediante el contacto íntimo de una relación sexual, mientras que la enfermedad de transmisión sexual (ETS) llega cuando este patógeno nos produce una enfermedad. Es decir, podemos tener una ITS sin ETS, pero no al revés. ¿QUÉ SON LAS ITS? Las infecciones de transmisión sexual son un conjunto de enfermedades infectocontagiosas que se transmiten de persona a persona por medio del contacto sexual. Las bacterias, los virus o los parásitos que causan estas enfermedades pueden pasar de una persona a otra a través del contacto con la sangre, el semen o los fluidos vaginales y corporales que puede producirse en el curso de una relación sexual. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen más de 30 tipos diferentes de bacterias, virus y parásitos que pueden transmitirse a través del contacto íntimo; algunos son curables, otros no; algunos síntomas obvios, otros no; y algunos pueden causar problemas graves de salud reproductiva a largo plazo. Por eso es importante estar al tanto de las ETS, somo se pueden transmitir, los problemas que pueden causar y como puedes protegerte a ti y a los demás. ¿CUÁLES SON LAS ETS MÁS FRECUENTES? Las 4 ETS curables más comunes son sífilis, gonorrea, clamidia y tricomoniasis. La sífilis, la gonorrea y la clamidia son infecciones bacterianas que se transmiten a través de los fluidos corporales y el contacto íntimo piel con piel o sexual, incluido el sexo oral, vaginal y anal sin protección, y también pueden transmitirse de madre a hijo durante el embarazo y el parto. La tricomoniasis es causada por un parásito microscópico que se transmite a través del contacto genital sin protección y, en casos extremadamente raros, se puede transmitir al compartir artículos personales.  Las 4 ETS incurables más comunes son la hepatitis B, el virus del herpes simple (VHS), el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y el virus del papiloma humano (VPH). Estos 4 virus se transmiten con mayor frecuencia a través del contacto íntimo de piel con piel o sexual, a través del semen, los fluidos vaginales y rectales, y de madre a bebé durante el embarazo y el parto. El herpes también se puede contagiar a través de los besos y el sexo oral. Tanto la hepatitis B como el VIH también se pueden transmitir a través de la sangre y el VIH también se puede transmitir a través de la leche materna. Pese a que estas infecciones no pueden curarse de forma permanente, actualmente existen tratamientos para controlar sus síntomas y sus posibilidades de contagio. ¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS MÁS COMUNES? Si mantienes una vida sexual activa, es recomendable hacerte pruebas para la detección de ITS periódicamente sin importar si tienes síntomas o no, debido a que mayoritariamente son asintomáticas. En caso de que se presenten síntomas, estos son los más comunes: ¿CUÁLES SON LAS CARACTERÍSTICAS DE CADA UNA? Clamidia La clamidia es una infección bacteriana del tracto genital. La clamidia puede ser difícil de detectar porque las infecciones de etapa temprana a menudo causan pocos o ningún signo o síntoma. Cuando se producen, los síntomas suelen comenzar entre una y tres semanas después de haber estado expuesto a la clamidia y pueden ser leves como una uretritis (inflamación de la uretra) y pasar rápidamente o prolongarse y producir una enfermedad potencialmente más grave llamada linfogranuloma venéreo. Principales signos y síntomas leves: Los síntomas más graves: Sífilis La sífilis es una infección bacteriana. La enfermedad afecta a inicialmente a los genitales, la piel y las membranas mucosas, y si no se trata, puede provocar daños permanentes afectando a otras partes del cuerpo y órganos. Los signos y síntomas de la sífilis suelen presentarse en tres etapas: primaria, secundaria y terciaria. También existen algunos casos en los que la sífilis se encuentra latente, en la que los análisis de sangre para detectar la bacteria dan positivo, pero no hay síntomas ni se desarrolla enfermedad. Etapa primaria Al principio, es posible que solo haya una pequeña llaga o úlcera indolora (chancro) en el lugar de la infección, generalmente en los genitales, el recto, la lengua o los labios, por lo que ésta puede pasar desapercibida al no ser vista ni producir síntomas. Estas llagas son SUPER contagiosas por lo que la infección se pasa muy fácilmente a otras personas durante el sexo. Etapa secundaria Si no es detectada y las bacterias continúan desarrollando el curso de la enfermedad, a medida que la enfermedad empeora, los síntomas pueden incluir los siguientes: Etapa terciaria Sin tratamiento, la bacteria de la sífilis puede propagarse y provocar graves daños en la salud proliferando en los órganos, siendo el daño más importante en esta etapa el producido sobre el sistema nervioso y el cerebro produciendo, ceguera, parálisis y demencia. Si no se trata, la enfermedad acaba produciendo la muerte. Algunos de los signos y síntomas en la última etapa de la sífilis incluyen los siguientes: También existe una afección conocida como sífilis congénita, que se produce cuando una mujer embarazada con sífilis transmite la enfermedad al feto. La sífilis congénita puede ser incapacitante, incluso mortal, por lo que es importante que las mujeres embarazadas con sífilis sean tratadas. Gonorrea La gonorrea es una infección bacteriana del tracto genital. Puede infectar pene, vagina, cuello uterino, ano y recto, uretra, garganta y ojos (aunque esto es poco común). Los primeros síntomas de la gonorrea generalmente aparecen dentro de los 10 días después de la exposición. Sin embargo, algunas personas pueden estar infectadas durante meses antes de que aparezcan los signos o síntomas, pudiendo transmitir igualmente la infección. Principales signos y síntomas: Tricomoniasis La tricomoniasis es una infección de transmisión sexual común causada por un parásito unicelular microscópico denominado Trichomonas vaginalis. Este organismo se propaga durante las relaciones sexuales con una persona que ya tiene la infección. En los hombres, el organismo generalmente infecta las vías urinarias, pero a menudo no causa síntomas. En las mujeres, la

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Buenos hábitos y ejercicio: 15 minutos que prolongarán tu vida

Tenemos vidas aceleradas, siempre nos falta tiempo. Este ritmo elevado nos obliga a ser selectivos con aquellas cosas que podemos hacer y esas otras que desterramos con un “ya lo haré cuando pueda”. Nosotros mismos somos víctimas de este status quo y por eso te proponemos varios cambios que puedes incorporar a tu vida y no te costarán más de 15 minutos al día: Alimentación. Una dieta correcta es el pilar sobre el que se cimenta nuestra buena salud. Se trata de una actividad tan importante como respirar o beber agua, por lo que tiene que ser equilibrada y completa. Adquirir el hábito de una alimentación adecuada implica tanto llevar una dieta equilibrada como realizar todas las comidas recomendadas al día. Planifica tu día teniendo en cuenta que tienes que llevar a cabo estas cinco pausas. Así, por ejemplo, levántate para ir a trabajar con antelación suficiente para poder desayunar. Hidratación. No existe ningún ser vivo capaz de vivir sin agua. De hecho, el 70% de nuestro cerebro está compuesto de ella y el 60% de la masa total de nuestro cuerpo también. A través de la respiración, de la orina e incluso de nuestra propia piel; el organismo pierde líquidos. Es importante mantener el cuerpo hidratado para que pueda funcionar de manera correcta, ya que algunas funciones como la regulación de la temperatura corporal se verían afectadas por la deshidratación. Existen dos maneras de ingresar agua en nuestro cuerpo: bebiendo líquidos y comiendo alimentos. Las frutas y las verduras son alimentos que tienen un alto contenido de agua y, por lo tanto, son comidas hidratantes. Evitar las sustancias tóxicas. A nadie le puede sorprender que el consumo de alcohol, tabaco y otros tipos de drogas sea perjudicial para la salud. Se tratan de sustancias tóxicas que destruyen nuestro organismo y generan dependencia, lo que puede terminar afectando a la vida personal de aquellos que las consumen. Sólo se aconseja el consumo moderado de algunas bebidas alcohólicas, como el vino o la cerveza, que pueden beneficiarnos si las incorporamos en pequeñas cantidades a las comidas. Descanso. Dormir bien es importante de cara a afrontar el día. El cuerpo necesita descansar para rendir de manera óptima y evitar el envejecimiento prematuro. Es recomendable dormir alrededor de 8 horas al día, pero esta cifra puede ser mayor o menor dependiendo de cada persona. Además, la falta de sueño puede desarrollar diferentes problemas como dolor de cabeza, dificultad para concentrarse o aumento de la propensión a padecer enfermedades mentales. Hay diferentes factores que afectan a nuestro descanso, desde la situación de nuestra vida personal a razones puramente químicas que tienen que ver con el padecimiento de otras patologías. En cualquier caso, lo mejor es que establezcas unos horarios y organices tu vida considerando que tienes que dormir las horas suficientes antes de levantarte al día siguiente. Higiene. La higiene es imprescindible para mantener un buen estado de salud tanto a corto como a largo plazo y depende de multitud de diversas acciones. La salud bucal, por ejemplo, depende en gran medida de la limpieza de la misma. Por tanto, cepillarse los dientes es una de las acciones mencionadas anteriormente, como ducharse y lavarse las manos con regularidad. De hecho, con el correcto lavado de manos podríamos evitar la transmisión de cerca del 20% de las enfermedades respiratorias. Pero ten en cuenta que si abusas del gel desinfectante limpiándote las manos de manera compulsiva, se te estropeará la epidermis en esa zona, llegando a sufrir sequedad, irritación e incluso heridas.  Por otro lado, mantener tus espacios limpios y no contribuir, en la medida de lo posible, a ensuciar los lugares compartidos con otras personas (ya sean zonas comunes o públicas), son maneras de ayudar a tu salud y la de los que te rodean. Salud mental. La Organización Mundial de la Salud trata la salud mental como “un componente integral y esencial de la salud”. Además, dice de ella que no sólo depende del padecimiento de enfermedades o trastornos, sino del “bienestar físico, social y mental”. Es cierto que multitud de factores afectan e intervienen en nuestro estado psicológico, pero es importante trabajar en nosotros mismos para que nos afecten lo menos posible. Tener una vida social sana y dedicarte a tus hobbies o hacer ejercicio son algunas cosas que pueden ayudarte a vivir más contento y a liberar estrés. Ejercicio. Practicar ejercicio es un hábito saludable que mejorará tu vida de manera significativa. La práctica regular proporciona varios beneficios entre los que se encuentra el desarrollo de la masa muscular o la desaceleración del deterioro de la misma; el aumento de la autoestima, ya que el cuerpo se fortalece; y la liberación del estrés. Hay que tener en cuenta que los ejercicios a realizar han de ser totalmente personalizados, lo que se traduce en que hay unos que son beneficiosos para determinadas personas y, al mismo tiempo, perjudiciales para otras. Las condiciones físicas de cada persona determinarán cómo será su entrenamiento. Así que, aunque la actividad pueda parecer poco exigente, lo importante es llevarla a cabo y evitar convertirse en personas sedentarias. Para realizar ejercicio podemos cambiar ciertas costumbres como desplazarnos andando o en bicicleta cuando sea posible. Sin embargo, estamos ante el único hábito de nuestra lista al que recomendamos reservarle un ratito. Entrenando 15 minutos al día quemarás grasas, desarrollarás musculatura y, entre otras cosas, incrementarás tu agilidad mental. Ya no hay excusas, el cambio es sencillo: un cuarto de hora a cambio de una vida sencillamente mejor.

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Día Internacional del Cáncer de Cuello Uterino

El cáncer de cuello uterino, también conocido como cáncer cervical o de cérvix, es el cuarto tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres a nivel mundial. Más de medio millón de personas son diagnosticadas cada año de esta enfermedad a la que se le atribuye la muerte de 342.000 mujeres en 2020. Afortunadamente, no es uno de los que presenta mayor mortalidad y los casos han disminuido a lo largo de los últimos 50 años. El 26 de abril es el Día Internacional del Cáncer de Cuello Uterino. Te contamos todo lo que debes saber sobre esta patología.    ¿Qué es?  Esencialmente todos los tipos de cáncer consisten en lo mismo: la reproducción descontrolada de células anormales. En este caso concreto, las células defectuosas se encuentran acumuladas en el cuello del útero, la conexión entre el útero y la vagina. Se puede presentar en las células escamosas del exocérvix o en las glandulares del endocérvix. ¿Qué tipos hay?  Existen dos tipos de cáncer de cérvix que se distinguen en función de las células a la que afecta. Como hemos explicado anteriormente, esta enfermedad puede desarrollarse en las células escamosas de la zona del cuello uterino que tiene contacto con la vagina (exocérvix) o en las glandulares del interior del cuello del útero (endocérvix). En los casos menos comunes se manifiestan ambos tipos de cáncer al mismo tiempo.  Tenemos que matizar, además, que el cáncer puede manifestarse en cualquier tipo de células, lo que implica que se puede padecer cáncer en el cuello del útero que afecta a otras células del cuerpo. Ejemplo de ello son los melanomas o linfomas, que habitualmente se manifiestan en otras partes del cuerpo.  ¿Cuáles son los síntomas?  Hay que destacar que en las etapas tempranas del cáncer cervical no se manifiestan síntomas. Esto aumenta todavía más la importancia de la prevención y la concienciación sobre esta enfermedad, ya que cuando puede detectar una misma que lo padece puede ser demasiado tarde. En las fases más avanzadas puede sangrar la vagina tras la menopausia o tras mantener relaciones sexuales, sufrir dolor pélvico o experimentar cambios en el flujo vaginal, que se presenta más acuoso y de olor fétido.   ¿Cuáles son sus causas?  Son 4 las causas del cáncer de cuello uterino:  Sistema inmunitario deprimido. El sistema inmunitario, además de proteger a nuestro cuerpo de agentes infecciosos externos, se encarga de destruir células defectuosas de nuestro cuerpo. Durante la replicación celular se pueden producir errores en el material genético y producirse mutaciones que terminan derivando en cáncer. Cuando decimos que una persona se encuentra inmunodeprimida es porque posee un sistema inmune debilitado y, por tanto, las posibilidades de eliminar las células defectuosas merman.   Consumo de tabaco. El consumo de tabaco es desaconsejable para la salud por muchas razones y una de ellas es que facilita el desarrollo de diferentes tipos de cáncer.  Exposición o consumo de medicamentos. Existe un medicamento que se empleó desde 1940 hasta 1971 con objeto de prevenir abortos y otros problemas relacionados con el embarazo. Las mujeres cuyas madres fueron tratadas con este fármaco (dietilestilbestrol) es hasta 40 veces más probable que padezcan cáncer de cuello uterino. Independientemente, el tratamiento con cualquier medicamento inmunosupresor, como el que reciben las personas trasplantadas, hace que las personas sean más propensas a padecer cáncer.  Virus del Papiloma Humano. Hemos dejado la razón con más peso para el final, ya que la Organización Mundial de la Salud asegura que más del 95% de los casos de este cáncer de cuello uterino son causados por este tipo de virus. Se estima que aproximadamente el 80% de la población padecerá VPH en algún momento de su vida. Afortunadamente, en el 90% de las ocasiones el virus es eliminado por el organismo. Sin embargo, cuando el virus persiste en el cuerpo se puede desarrollar cáncer de cérvix en un plazo de alrededor de 15 años.  Hay medios que afirman que tener muchas parejas sexuales aumenta el riesgo de padecer cáncer de cuello uterino. Esto es verdad, sí, pero muy matizable. Mantener relaciones sexuales con varias personas diferentes aumenta la probabilidad de contraer VPH u otro tipo de enfermedades de transmisión sexual que pueden debilitar nuestro sistema inmunitario, como el VIH. Al mismo tiempo, sufrir estas ETS aumenta el riesgo de desarrollar el tipo de cáncer que nos compete, pero no existe una relación directa entre mantener relaciones sexuales con distintas personas y el cáncer de cuello uterino.  ¿Tiene cura?  Como hemos mencionado en otras ocasiones, es muy difícil hablar de cura cuando se trata del cáncer. El término que se utiliza en estos casos es el de remisión, afirmando que un cáncer se encuentra en estado de remisión cuando han desaparecido todos sus signos y síntomas. Estos pueden volver a manifestarse más adelante, aunque las posibilidades disminuyen cuanto más tiempo transcurre desde la remisión. Por tanto, existen 3 tipos de tratamientos: cirugía, quimioterapia y radioterapia. Muchas pacientes requieren de varias de estas técnicas para que remita el cáncer. Es importante determinar a qué células del cuello uterino afecta y definir en qué fase se encuentra la enfermedad para abordar un tratamiento.   Por otro lado, la vacuna contra el VPH disminuye notablemente las posibilidades de padecer cáncer de cérvix en la medida que previene padecer dicho tipo de virus.  Tenemos la obligación de destacar que la prevención resulta vital para reducir las posibilidades de tener que luchar contra la enfermedad. Por otro lado, la detección temprana incrementa de manera considerable el índice de supervivencia del paciente. Por esta razón, los exámenes médicos regulares y la concienciación de la población resultan esenciales para ganarle la lucha a esta enfermedad.  Esperamos que la incidencia continúe descendiendo y el índice de supervivencia siga aumentando. Hoy es el Día Internacional del Cáncer de Cuello Uterino, un día necesario para visibilizar una enfermedad a la que conseguiremos vencer con investigación, concienciación y con la fortaleza y el coraje de más de medio millón de mujeres que son diagnosticadas cada año.

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