Con amigos y familia: decir que no, puede salvar vidas

9 julio 2020 Deja tu comentario

Dice la Wikipedia que un vicio es toda práctica, conducta o hábito que se considera una falta, un defecto, una enfermedad o un mal hábito. Estoy seguro de que muchos de ustedes han decidido dejar un mal hábito en la cuneta más de una vez. Fumar, beber mucho alcohol o comer en exceso son de los más habituales junto con otros vicios muy duros de abandonar y mejor o peor vistos por la sociedad, como el juego, las drogas, la adicción a las compras, el trabajo en exceso, el sexo compulsivo, etc.

Cuando uno deja de beber alcohol drásticamente, por ejemplo, se encuentra con situaciones inesperadas como esta:

– ¿Cómo?, ¿vas a beber solo agua?, pero tómate algo conmigo, por amor de Dios.
– Es que estoy dejando el alcohol y prefiero no beber, la verdad.
– Venga hombre, solo una, por nosotros. No querrás que me sienta mal bebiendo solo, ¿verdad?

O cuando querríamos comer menos en esas largas y copiosas reuniones:

– Pero si no has comido nada, mira todo lo que ha quedado en el plato, ¿no te ha gustado la comida?
– Lo siento, es que era mucha cantidad y estoy lleno. Estaba buenísima.
– No está bien dejar comida en el plato, no me hagas el feo. Además, ahora viene un postre buenísimo.

Aprender a decir que no a muchas de las buenas ideas ajenas, a ser asertivo y mantenerse firme en nuestras convicciones parece tarea compleja pero no imposible. Nuestra fuerza de voluntad y las células de nuestro cerebro se nutren y fortalecen con el ejercicio de sus facultades. Son como un músculo, cuando más lo ejercitamos, más fuerza.

Los hábitos y relaciones sociales son parte de nuestra naturaleza, nos hicieron sobrevivir a otras especies hace cientos de miles de años y, en general, podemos afirmar que son totalmente necesarios para nuestra salud física y mental. No abrazarnos, no besarnos y no estar físicamente cerca de nuestros seres queridos son acciones contra natura y entiendo la dificultad que entraña no hacer ciertas cosas ahora que el confinamiento ha terminado. Tenemos que seguir con nuestras vidas y las relaciones sociales son el pilar de nuestra sociedad.

“El mejor consejo para todos los públicos, hoy por hoy, es que se hagan una prueba en caso de duda”

Toda esta lógica de “no hacer algo por amor”, ha sido esparcida por activa y por pasiva durante toda la pandemia con el mensaje de que sí queremos mucho a alguien, debemos mantener la distancia y evitar tocarlos, darles un abrazo o besarles. Toda esta gran fuerza de voluntad inicial se está debilitando poco a poco, al mismo ritmo que empiezan a aparecer rebrotes del coronavirus entre familiares y amigos, especialmente.  Está bien recordar y tener muy presente que cuando tengamos una reunión familiar o una celebración con amigos, hay que intentar reprimir unos cuantos hábitos, aunque parezca casi imposible:

1- Deberíamos evitar los abrazos, los besos y saludarnos físicamente. Tanto en los encuentros como en las despedidas. Al saludarse parece fácil, pero 5 horas más tarde y con el mismo número de bebidas espirituosas, la voluntad se ablanda al despedirse. Quien no lo haya vivido ya varias veces, que levante la mano.

2- Procurar llevar mascarilla cuando no podamos mantener una cierta distancia de seguridad en el exterior y siempre que sea posible dentro de un espacio cerrado. Supongo que habría que haber tenido una crianza medio asiática para poder convivir con una mascarilla puesta con total naturalidad: en cualquier situación, en general y con amigos y familia, en especial. Parece mucho pedir con los más cercanos.

3- Mantener la distancia de seguridad, sobre todo con los familiares o amigos que corren más riesgo de sufrir el COVID-19 severamente. Tarea compleja de ejecutar, a no ser que se produzca una reunión rápida y todos sentados y separados por dos metros; si no es así, el rastro que dejaría el movimiento natural de las personas en cualquier reunión amistosa habitual será muy parecida al que dejan las hormigas en su hormiguero o las abejas en su colmena. Imaginen.

4- Limpiarse muy bien las manos con gel hidroalcohólico o lavarlas con jabón tanto al entrar en la casa de nuestros anfitriones como “frecuentemente”. Creo que todos ya hemos más que aprobado, en este requisito. Debe de haber algo agradable en el hecho de probar geles hidroalcohólicos allá donde vamos. Algunos huelen exactamente igual que el alcohol del malo (garrafón) que todavía sirven en algunos bares. Creo que este nuevo hábito ha llegado para quedarse.

5- Reunirse en un espacio abierto, preferentemente. Si nos reunimos en casa, tendremos que pensar en el aforo en función del espacio y si estamos en un espacio cerrado, intentaremos que haya mucha ventilación y evitaremos el aire acondicionado y los ventiladores. De nuevo, difícil, sobre todo en verano para los que viven en un espacio pequeño con orientación oeste o en invierno para los que se animen a juntarse en el balcón de su casa. Sin más comentarios.

Y yo me pregunto: si estos consejos que escuchamos por todas partes son tan difíciles de cumplir, ¿quién sería capaz de seguirlos con firmeza? ¿de qué madera están hechas las personas que pueden decir no a cada uno de estas cinco directrices? Parece tarea improbable que alguien tenga ese gran músculo de voluntad necesario para ser tan determinado durante el tiempo que duran las reuniones sociales en nuestro país. Y aunque todos estamos expuestos, se me ocurre pensar que solo los que no tienen otra opción serían capaces de hacerlo: los más aprensivos y los que, a priori, de verdad corren riesgo.

El mejor consejo para todos los públicos, hoy por hoy, es que se hagan una prueba en caso de duda, ya sea antes de visitar a sus seres queridos, al ir y volver de vacaciones o cuando se hayan reunido con mucha gente y hayan corrido ciertos riesgos, cueste lo que les cueste. Seguro que todos lo agradecerán.

Y para las personas que de verdad corren más riesgo, los cinco anteriores no son consejos sino mandamientos.

Fotos: Morning Brew, Adam Niescioruk, Antenna

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