Desde el comienzo de los tiempos, todos los animales nos hemos visto asediados por distintos tipos de enfermedades a los que hemos ido haciendo frente de manera natural y con la ayuda de nuestro sistema inmune. Por este motivo la tasa de mortalidad  ha sido relativamente alta en humanos a lo largo de la historia, y sigue siéndolo en otros animales. 

Con el paso del tiempo y el crecimiento exponencial de la población humana, las personas tendieron a concentrarse cada vez más en núcleos urbanos, lo que favoreció a que muchas enfermedades consiguieran multiplicarse a grandes pasos.  La llegada de la medicina moderna y a mejora en los hábitos de higiene, permitió que las enfermedades se comenzaran a controlar  mejor, aunque todavía muchas de ellas siguen escapando a nuestro control, como es el ejemplo de la COVID. 

Lo que ha ayudado enormemente a que mejoremos nuestra calidad y esperanza de vida, sin la menor duda, es la implantación de sistemas de salud nacionales, que nos permiten una mucha mejor organización y rápida respuesta ante las enfermedades. 

 

¿Qué es y qué actores tiene un sistema de salud sanitario?

 

Tobar (2016), defines national health systems as a set of components (institutions, resources, organizations…) and their relationships organized and coordinated to develop activities to achieve certain objectives in the field of health.

Thus, a health system is a profoundly complex and abstract organism involving the State, health professionals, patients and, depending on the model, other private organizations providing services and products.

This, perhaps, does not help much to clarify the term, but what we must be clear about is that a health system must be aimed at providing an organized response to the health problems of a given population.

 

 

¿Qué tipos de sistemas de salud existen?

 

Según el tipo de modelo, podemos diferenciar 3 clases (UAM, 2011): 

  • Modelo Liberal o modelo de libre mercado: es el que impera en EE. UU. La salud es considerada como un “bien de consumo” y se rige conforme a las leyes de la oferta y la demanda.
  • Modelo Socialista: El modelo “puro” solo se ha producido en los países comunistas; solo quedan ejemplos como Cuba y Corea del Norte. En este modelo, la sanidad es universal y accesible para todos, financiada por el Estado, aunque su excesiva rigidez y burocracia hacen su acceso especialmente complicado.  
  • Modelo Mixto: La financiación es mayoritariamente pública y financiada por impuestos, pero tiene una parte de participación privada en aquellos servicios demandados directamente por los ciudadanos. 

De este último modelo han ido surgiendo otros modelos con características históricas y sociales propias de cada región, sobre todo en países latinoamericanos, y entre ellos están el Modelo Segmentado, el Contrato Público y el Pluralismo Estructurado (PiPP, 2011). 

 

¿Qué modelos podemos reconocer en los diferentes países del mundo?

 

En Europa existen dos tipos de sistemas de salud, el modelo Beveridge y el modelo Bismark, ambos categorizados dentro de un modelo mixto (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e igualdad, 2014). 

  • Modelo Beveridge: en este tipo de sistema de salud se da una financiación por impuestos que se basa el principio de quien más tiene, más paga y el resto de la recaudación pivota fundamentalmente sobre el impuesto sobre el valor añadido, aunque alguna financiación se obtendría de los gravámenes sobre hidrocarburos, alcohol, electricidad o tabaco. En la UE, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Italia, Portugal, Suecia y España siguen este modelo. También lo emplea Reino Unido con el NHS (National Health Service), un referente a nivel mundial que se creó en 1984 inspirándose en el Informe Beveridge. 
  • Modelo Bismarck: este tipo de sistema de seguridad social con origen en el año 1881 en Alemania, tiene una financiación por cotizaciones sociales obligatorias. Las cuotas son de obligado pago por las empresas y los trabajadores, siendo esta su principal fuente de financiación, aunque también los impuestos generales tienen un papel importante al financiar las primas de los sectores más desfavorecidos y sin cobertura. 

Ambos modelos tienen coberturas del 100% -o muy cercanas al 100%-, pero los medicamentos usados en la atención ambulatoria son de copago, ya sea fijo o por tasas de co-seguro. 

En Estados Unidos, sin embargo, y a pesar de ser uno de los países con mayor riqueza y como veíamos previamente, no tiene un sistema de salud con cobertura sanitaria universal, sino que su sistema se basa en el libre mercado, donde la sanidad está gestionada por empresas privadas y las compañías de seguro que se apoyan en las redes del gobierno (López et al. 2021). 

Allí cuentan con dos tipos de seguros: gestionados y directos. Siendo el primero más barato y con menor número de centros y hospitales a los que se puede acudir, en comparación con los directos. 

Además, existe una “asistencia sanitaria pública” dentro del programa Medicare destinado a veteranos de más de 65 años. Estos cuentan con 60 días de asistencia hospitalaria gratuita, pero deberán pagar cerca del 20% de las facturas junto a una cuota mensual. 

Para las personas sin recursos o sin trabajo está el programa Medicaid. Por último, State Children’s Health Insurance Program es un programa que ofrece cobertura sanitaria a menores de edad cuyas familias no cumplen los requisitos de acceso a Medicaid pero no pueden afrontar el costo de un seguro privado. 

En Japón también cuentan con un sistema de salud universal, considerado por algunos el mejor sistema sanitario en el mundo. Este atiende a sus ciudadanos con dos programas diferentes, el Sistema de Seguro de Salud Estatuario (SHIS) que cubre al 98,3% de la población y el Programa de Asistencia Social Pública que cubre a las personas de bajos recursos (el 1,7% restante) (Araujo, 2021). 

 

¿Qué cobertura por sanidad universal hay en el mundo? ¿Cuál es el objetivo?

 

Hoy en día y como hemos ido viendo, no todos los países tienen un sistema sanitario universal. 

Hemos visto los casos de algunos de los países más desarrollados del mundo, pero la realidad es que cerca de la mitad de la población mundial carece de acceso integral a los servicios de salud básicos, además, aproximadamente un 12% de la población mundial gasta al menos un 10% de su presupuesto familiar en pagar servicios de salud, y no solo eso, también cerca de 100 millones de personas se ven abocadas a la pobreza extrema por tener que pagar de su bolsillo los servicios sanitarios (OMS, 2021). 

Por esta terrible situación a nivel mundial, todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas se han comprometido a tratar de alcanzar la sanidad universal para el año 2030. Este objetivo se encuentra dentro del marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

 

Referencias: