¿Quién cuida al cuidador?

5 noviembre 2021 Deja tu comentario

La gran mayoría de animales a las horas, o incluso minutos, de nacer son capaces de valerse por sí mismos hasta cierto punto. Por su parte, el ser humano requiere de unos cuidados constantes de su familia y círculo cercano para sobrevivir.  

Esto se debe a que al nacer estamos mucho menos desarrollados a nivel físico que las crías de otros animales. Somos incapaces de andar o de alimentarnos por nosotros mismos, lo que nos pone en una situación de peligro constante. 

Aunque muchos animales realizan cuidados a otros de su misma especie (véase elefantes, primates y cetáceos entre otros muchos), nuestra forma de vida en sociedades ha hecho del cuidado algo cultural que se alarga en el tiempo de vida de una persona; incluso hay quienes dirían que nunca termina del todo. 

Claro que, si no termina, solo puede ocurrir una cosa: que haya un momento de la vida en el que se le da la vuelta a la tortilla y muchos de nosotros nos volvamos cuidadores de esas personas que nos han cuidado toda la vida o de aquellas que, por causa de alguna enfermedad, requieren de nuestra ayuda. 

Y lo hacemos con gusto, como agradecimiento y señal de cariño a estas personas que un día lo dieron todo por nosotros.  

Pero, aunque lo hagas con toda la buena intención del mundo, cuidar a una persona que no puede valerse al 100 % se convierte en un trabajo; uno que no se paga, requiere de todo tu tiempo, se vuelve parte de tu vida y se puede tornar, en ocasiones, frustrante. 

Las personas que se vuelven cuidadoras de otra ven su mundo dar un giro de 180º. Tienen que asumir y tomar conciencia de cómo repercute esta nueva situación en todos los aspectos de su vida: 

  • En su tiempo de ocio. Este se ve totalmente diezmado, llegando a afectar a sus relaciones personales, ya que limita más el tiempo para ver a otras personas que no sean la cuidada. Esta nueva situación ha podido crear tensiones y enfados con familiares y amigos, fruto de las diferencias de opinión a la hora de gestionarla. 
  • En la salud y estado de ánimo. Las personas cuidadoras tienden a tener más cansancio y fatiga, tanto física como mental. Incluso puede que sufran más enfermedades al verse a veces sobrepasadas por la situación. 
  • Anímicamente. Es habitual experimentar un cúmulo de emociones contradictorias; tristeza, desesperación, enfado, ansiedad, culpabilidad por sentirte así… También bienestar al estar ayudando a un ser querido y estrechar más su relación con esa persona.   

Estas emociones pueden ser difíciles de gestionar y sobrepasarnos. Por esta razón, ante cualquier mínimo síntoma o situación de peligro, lo mejor es acudir a un profesional. 

El cuidador, aunque se apoye en sus círculos cercanos, debe tomar consciencia y cuidarse a sí mismo. Quizás parece una tontería a priori, pero en numerosos casos el cuidador se olvida de que, para encargarse de alguien, primero debe cuidarse uno mismo. 

Para poder afrontar esta nueva etapa de cuidador de la mejor forma posible, existen una serie de pautas recomendadas a seguir: 

  • Asume que eres humano y que haces lo que puedes con la tarea tan importante que tienes. No cargues con todo solo, admite que puedes cometer errores y no te culpes por ello. 
  • Si la persona dependiente es excesivamente demandante, empieza a decir no y a compartir ciertos autocuidados con ella; aprende a identificar qué puede hacer, de qué no es capaz y qué simplemente no quiere hacer. Además, al fomentar que la persona cuidada siga llevando a cabo ciertas acciones conseguiremos que se sienta útil y válida.  
  • Comparte el cuidado con otras personas, familiares, amigos, los servicios de administración pública y privada…  
  • Dedícate tiempo a ti mismo, emocional y físicamente. Debes prepararte para este cuidado y también para poder gestionarlo lo mejor posible; lee, da un paseo, escucha música… haz cosas que te gusten y desconecta.
  • Organiza el tiempo que pasas con la persona cuidada para que se creen rutinas y ambos os sentáis más cómodos al eliminar la incertidumbre. 
  • En la medida de lo posible, intenta fomentar la comunicación entre vosotros, de esta manera podrás resolver problemas e inquietudes que surjan. Además la persona cuidada se sentirá escuchada y valorada. 
  • Reorganiza tu vivienda para quitar posibles obstáculos y para acomodarla a la nueva situación. Así cubrirás mejor las necesidades de la persona cuidada y emplearás menos energía y tiempo en acciones cotidianas. 
  • Mantente bien informado sobre los síntomas de la persona a tu cargo. Es posible que en ocasiones la situación se vaya de las manos y acabe desesperándote. Pero si reconoces a qué se deben estos comportamientos o síntomas y sus causas, podrás gestionarlo mejor. 
  • Intenta practicar la paciencia. A menudo se presentarán situaciones que pueden resultar complicadas. Si gestionas tus sentimientos con calma e introspección, el ambiente será mucho más relajado. 

Al final, si el cuidador no se cuida y se apoya en su entorno… ¿Quién cuida al cuidador? 

Artículos de referencia: 

http://www.acpgerontologia.com/documentacion/guiaautocuidadoycuidadoserviciosintegrados.pdf 

https://www.saludcastillayleon.es/AulaPacientes/en/guias-aula-pacientes/personas-cuidadoras/cuidando-persona-cuidadora 

https://www.elrincondelcuidador.es/movilidad-seguridad/como-cuidar-al-cuidador-no-profesional 

https://www.ayudafamiliar.es/blog/como-cuidar-cuidador-claves-paliar-estres-cuidador/ 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *